Claves sobre el aporte de las organizaciones al bienestar de los trabajadores que envejecen

Por Raúl Gorrín

La vejez es una etapa inevitable de la vida a la que todos aspiramos llegar con salud y bienestar. Sobre todo, hemos hecho énfasis en la incidencia que esta edad tiene en la vida laboral de las personas y, que en un momento dado, las llevará a retirarse.

Hemos formulado críticas a la actitud de la sociedad que tiende a menospreciar a quienes llegan al ocaso de sus días y llegan a considerarlos, incluso, cómo seres incapaces de llevar a cabo cualquier actividad, se les relega y se les condena al olvido.

Hemos abogado por la instauración de políticas de protección para los trabajadores adultos mayores e instamos a las organizaciones a tomar previsiones para que sus trabajadores puedan tener una trayectoria productiva a lo largo de los años de vida activa laboral y para que lo hagan de forma saludable en su etapa de retiro. Esto les permitiría vivir a plenitud cada una de estas etapas y dejar un buen legado a las nuevas generaciones.

El aumento de la edad en la que oficialmente pueda obtenerse el derecho de jubilación o el pago de pensión es una política estatal que parece más destinada a la reducción de cargas económicas, más que al deseo de ofrecer una solución digna, plena y enriquecedora para las personas mayores.

Igualmente habría que saber si para las empresas este es un asunto prioritario y si contemplan planes de resguardo para los trabajadores en la última etapa de su vida laboral.

Una alternativa en este sentido podría ser el diseñar espacios para que los trabajadores programen planes de vejez que, de hecho, sería de provecho para las propias organizaciones pues contará con personas mayores saludables capaces de transferir de manera efectiva los conocimientos y experiencia a su relevo generacional. Estaríamos propiciando trabajadores proactivos hasta el último momento de su vida activa empresarial, productividad en todas las etapas de la vida laboral. (Raúl Gorrín) 

Hay casos de empresas que han resuelto sus problemas de ausentismo laboral y rotación de personal implementando planes para personas con edad adulta madura que, por lo general, son relegadas.

Debe reconocerse el aporte de este segmento de la población laboral mediante una política social y empresarial que brinde una oportunidad a quienes aún pueden brindar su esfuerzo y su capacidad productiva.

En favor del adulto mayor pueden perfectamente promoverse y  prevenirse temas de   salud/enfermedad destinados a propiciar el cuidado de la salud del trabajador.

Llevar adelante campañas de sensibilización, concienciación y formación, así como propiciar el debate que defina la edad funcional del trabajador respecto a su edad real, lo que facilitaría detectar posibles problemas de envejecimiento prematuro y  obrar en consecuencia. (Raúl Gorrín) 

Hacer un seguimiento del estado de salud de los trabajadores de manera permanente en empleos de alta demanda física y mental para las personas mayores de los 45 o 50 años de edad. Ciertas enfermedades podrían quedar al descubierto a tiempo de manera de propiciar su cuidado y tratamiento.

Brindar información a los trabajadores sobre seguridad y cuidado de la salud y prevención.

Realizar chequeos médicos rutinarios a partir de los 45 o 50 años de edad.

Flexibilizar la jornada laboral y realizar adaptaciones de las instalaciones físicas y adoptar descansos de forma novedosa.

En resumidas, se trata de construir una sociedad y organizaciones más sensible a las cuestiones de la edad para que los trabajadores de edad avanzada puedan seguir siendo activos, a través del apoyo y la solidaridad intergeneracional. (Raúl Gorrín)

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