Raúl Gorrín: Diferenciarse de los competidores contribuye al éxito empresarial

Distinguirse del resto es una vital ventaja competitiva de toda empresa inteligente. Destacar en el mercado es fundamental para garantizar la supervivencia y permanencia en el tiempo de toda organización.

Hay que saber diferenciarse de los competidores. Así de sencillo.

El asunto está en que es necesario que las empresas o emprendimientos no pierdan el tiempo tratando de centrar su diferencia competitiva en el producto o servicio que ofrezcan, ni en la tecnología que se use para producirlo, sino las personas que forman parte de la organización.

Es la gente la que distingue a una empresa de otra.

Son los hombres y mujeres que conforman las organizaciones las que marcan pauta. Las acciones de cada quien deben acompañar a las palabras

Que el capital humano marque la diferencia es hacer que el talento de las personas se despliegue y fortalezca a través de cada una de las tareas que cada uno lleva a cabo. Que en cada puesto, en cada rol, las personas evidencien sus potencialidades.

Y el asunto va más allá del mero conocimiento o aptitud, sino del carácter y actitud.

Hace falta talento, pero además que este se conjugue con las fortalezas y la estructura organizacional. Es un engranaje. La interacción de estos elementos será lo que permita la diferenciación.

Las prácticas organizacionales que se lleven a cabo deben propiciar el clima de seguridad psicosocial que facilite el que todos puedan expresarse, ser proactivos, autónomos, realizar propuestas innovadoras, sin temor alguno. No puede haber miedo a la expresión en una organización.

En las empresas o emprendimientos los errores deben ser fuente de aprendizaje y no un motivo para que se apliquen prácticas inquisitorias. 

Debe haber una cultura del apoyo, el respaldo, la colaboración, del trabajo en equipo, de la retroalimentación asertiva.

Loa organizaciones que se distinguen tienen sentido de justicia, valoran los logros, las ideas nuevas, el cumplimiento de los objetivos y metas, el esfuerzo. Una justicia que también es firme frente a la desidia y la negligencia.

Es vital que el equipo directivo de toda organización proyecten todos estos valores a través de su accionar cotidiano. El proceder de quienes son cabeza de las empresas o emprendimientos propicia el clima de seguridad sicológica que toda organización requiere.

Se predica con el ejemplo, pues. 

Esta es la principal lección que aprende el talento. Es una actitud en cadena.

El mensaje y el mensajero deben actuar mancomunadamente, coherentemente.

En las organizaciones debe imperar un compromiso afectivo, emoción, que una a todas las partes del conjunto. Tiene que haber identificación del talento con la organización. Es indispensable que el vigor y la absorción o engagement del que hemos hablado tanto, sean una constante en el comportamiento de todos y cada uno de los que forman parte de la empresa.

Recuerde, la gente es lo que hace la diferencia.

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